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domingo, noviembre 20, 2011

El Amor, y a veces la muerte….

(Tenía tiempo que no escribía, y no por no querer hacerlo, sino mas bien por no dedicarle un tiempo o no tener un tema del cual realmente quisiera reflexionar... Pero éste ha llegado.. Hace varias semanas que quería escribir sobre esto. Ya tengo total inspiración.)

Estos últimos meses he estado en contacto con emociones profundas y extremas, sublimes a la vez, y he podido comprender un poco más lo que como humanos nos es inherente. Hasta el ser más ruin manifiesta en alguna oportunidad haber sentido amor por algo o alguien. También, fuese ese mismo ser o cualquier otro en la corteza terrestre, todos somos hijos de la muerte, y ello puede marcar pauta en la forma en que caminamos por el mundo.

Tuve la oportunidad de conocer a Don P., un hombre extraordinario, que ya cuenta con algunos años en su haber. De llegar a tener una avanzada edad quisiera ser como él. Un hombre sumamente respetado, culto y sencillo. Estuve en su casa siendo testigo de su hospitalidad y poco a poco fui conociendo su historia. Hay un recuerdo especial, y es que, en su sala hay una pequeña mesa con tres fotografías muy particulares: en todas está junto a su esposa. Él decía: "con ella he estado en los tres lugares más emblemáticos del amor en este mundo", eran lugares o monumentos de Grecia, India e Italia, y en estos ellos dos -la pareja- lucían felices. Lamentablemente ella murió hace varios años y él se quedó solo, aún enamorado. Podría pensar que casi esperaba que la muerte lo buscase para reunirse con ella nuevamente… Aunque dicen que la muerte nos separa no lo creo.

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Don P, junto con un compañero y yo

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La foto de la prueba

Luego, días después me entero de la muerte de la mamá de P., una compañera de la universidad. La sensación fue diferente. Ya ella -su mamá- había tenido una enfermedad difícil y la había superado. Con esto recordé a un buen amigo que murió hace unos siete años. Recuerdo que esos momentos que van desde la muerte hasta el entierro fueron muy difíciles. Las lágrimas se me escapaban de los ojos, en la mayoría de los casos sin avisar. Creo que aún sigo lamentando muchísimo su partida. Cuando mueren seres cercanos duele muchísimo. Igual me pasó con mi ahijada, a quien se le murió su abuelita hace algunas semanas. Tantos acontecimientos nefastos tan cercanos en fecha y personas, no?? En fin…

Días después a una amiga de mi mamá se le muere una mascota. La perra tenía 11 años de vida (77 en años perrunos). La amiga estaba desolada, como si se le hubiera muerto un hijo. La perrita era bonita, alegre de vez en cuando, un poco malhumorada.

Ayer veo con verdadero asombro la muerte de un ícono en los medios mundiales. Steve Jobs hizo un "upgrade de su sistema" y ahora es etéreo. Me sorprendió mucho la noticia, pero más aún me sorprendió mi reacción. Ahorita me siento triste por este acontecimiento que ha paralizado literalmente al mundo, y él -Steve- no me conoció nunca ni yo a él (aunque parecía que nos conocía a todos nosotros incluso mejor que nosotros mismos), pero aún las lagrimitas que he botado han sido como si muriera alguien o algo cercano para mí. Mi romance con Apple apenas estaba comenzando hacía algunos meses atrás...

Esto me ha hecho pensar en cómo la muerte transforma nuestras realidades, pero más aún, cómo el amor las crea...

Lo que quiero decir es que con todo esto descubro para mis adentros que el amor es más que un sentimiento. Yo lo veo como una fuerza mucho más poderosa. El amor no es decir un cursi y ridículo "te amo" por decirlo. Va más allá. El amor tiene múltiples capacidades y en la mayoría de los casos nos induce a supone hacer "algo" por los demás, dar-se. Normalmente va a involucrar hacer algo orientado al otro, pero va a depender de quien es ese otro. Si es un familiar que murió va a ser el amor quien lo mantenga vivo, pues nos da la capacidad de mantener presente -mientras tengamos vida- a aquel ser que ya cambió de plano en nuestros recuerdos. Igual el caso de una mascota o una pareja, o bien alguien a quien admiras aunque no haya sido cercano o conocido, sin embargo éste último de una manera diferente.

En estos meses he podido evidenciar diversas clases de amor, o bien, el amor expresado de varias maneras. No es lo mismo amar a tu pareja, que a un perro, que a una madre o a una abuela que a un ícono tecnológico y empresarial, pero en todos hay similitudes importantes. Es el amor lo que corre por las venas y hace cambiar el mundo, el que nos hace ser distintos, mejores de lo que somos. El amor es un sentimiento único y poderoso, incluso en forma de odio el amor es capaz de invadirnos y transformarnos, y transformar todo a nuestro alrededor.

El amor hace sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Steve Jobs hablaba de "amar lo que haces". Con esta afirmación concluyo que también el amor a nosotros mismos y a lo que hacemos nos transforma. En su caso, el amor a lo que hacía era para él, y tenía como consecuencia directa un beneficio para un colectivo. Parte de sus premisas eran humanizar la tecnología, hacerla cercana, accesible al quehacer humano. No dudo de su tesón para hacer las cosas, pero cuando las hacía, eran para sí, para ser feliz por lo logrado, con la suerte de que sus resultados beneficiaban y gustaban a mucha gente.

Eso es otra cosa: digo que el amor es tesón... y es mucho más alla... es el sentimiento generatriz de gran parte de nuestro orden de cosas; es solidaridad, es pasión, es entrega, es dolor, es odio, es fuerza, es trascendencia, es vida...

El amor es la única fuerza real que nos hace confrontarnos (sic) y asumir nuestras posturas ante la vida. Alguien que no tiene amor no es capaz de avanzar en un mundo como este, mucho menos levantarse cuando se ha caído o triunfar cuando todo es adverso. Es una persona que se deja llevar por las banalidades de la vida.

Por amor nos hacemos padres, somos hijos, tenemos amigos -los que los tengan-, somos solidarios, sufrimos, nos duele, hacemos lo que hacemos, cambiamos, luchamos, nos jodemos, vivimos, morimos.

Quizás hay algo que pudiese detener al amor -cuando éste nace de uno- y es la muerte. La muerte es la incapacidad de sentir amor. Cuando el ser humano no puede evidenciar el amor de Dios en su propio cuerpo muere. Para mí la muerte es como una pantalla negra que arropa todo mi campo visual... A donde mire estará oscuro, o no habrá nada. Cuando morimos, nuestro cuerpo se vuelve rígido y toma colores funestos. Ya el amor no fluye por las venas.

Pero el amor es una energía, y como tal ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Se vuelve recuerdos poderosos, ideas, sensaciones, pasiones, incluso historia, eternamente. Seguramente Don P. seguirá amando a su esposa y sintiéndola dentro de sí a pesar de tanto tiempo pasado, seguro P. tendrá en su corazón el recuerdo y amor de su mamá, mi ahijada guardará en su corazón sus mejores momentos con su nonna, probablemente la amiga de mi mamá seguirá recordando con cariño y tristeza a su perrita y Steve Jobs vivirá en cada dispositivo de la manzanita, y en el corazón de quienes le conocimos y nos entusiasmamos a través de su propia persona o de su legado. Visto de este modo, la muerte no gana.

 

El amor nos hace mejores personas...

El amor bien dirigido puede transformar el mundo...

El amor distorsionado genera caos...

El amor real es eterno...

Lo que es eterno significa que nunca muere...

Por ende, el amor siempre vence a la muerte....

_____

1. “Tu tiempo es limitado de modo que no lo debes malgastar viviendo la vida de alguien más. No quedes atrapado en el dogma de vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que el ruido de las opiniones de los demás callen tu voz interior. Y, lo más importante, ten el coraje para hacer lo que te dice tu corazón y tu intuición”.

Steve Jobs. 1955-2011

viernes, abril 22, 2011

Cuando muere la Juventud….

Es curioso, crecer es muy difícil, la pubertad, el acné, la presión social, el sexo, las emociones más profundas se viven en este momento. Cuando llegas a ser un adulto joven comienzas a codearte con el mundo real, y a simple vista es hermoso: las cosas funcionan, hay gente valiosa, algunas veces los sueños de la juventud se cumplen. Pareciera que sí es posible un mundo justo, y más aún porque con nuestro “ilimitado” poder sentimos que podemos lograrlo. Lamentablemente, estamos viendo la tapa del frasco apenas…

La juventud es hermosa, pero ingenua, llena de ignorancia sobre cómo opera el mundo real, y cuando comenzamos a enfrentarnos a esto algo en nosotros comienza a morir, y es inevitable, y es triste, y definitivo; forma parte de nuestro continuo proceso de vida, tenemos que adaptarnos a las situaciones que vivimos a diario, y ellas muchas veces implican tomar decisiones o asumir actitudes que contradicen de manera importante nuestra manera de ver y hacer el mundo en el que vivimos. No es sencillo de ninguna forma.

Aquí comienza el verdadero proceso de la adultez, y es aquí donde me pregunto: ¿por qué si la vida es como es no nos dicen desde pequeños?, ¿por qué no somos preparados de mejor modo para enfrentar la vida?, ¿por qué necesariamente tenemos que vivir la decepción en primera persona?. En este momento ese impetuoso ser que llevábamos por dentro comienza a luchar contra el sistema. Quisiera decir que este joven prospera frente a su adversario, pero la verdad es que no es así. A este joven no le queda más que esconderse en el corazón del hombre con la poca energía que le queda, para así avivar el fuego que, a pesar de la decepción, nos impulsará a luchar contracorriente y al menos, lograr un sueño, así sea chiquitico, ínfimo, y con eso ser felices, saber que le ganamos una a la vida. Cuando todo esto pasa, nos hacemos conscientes que de nuestra juventud queda poco, o nada.

La juventud es un momento hermoso de nuestra vida, porque hasta los errores son así, hermosos. Las cicatrices de nuestro cuerpo dan cuenta de nuestra historia, tanto como las que llevamos en el alma, pero éstas configuran al ser que somos hoy. Es un tiempo magnífico para ensayar sobre esa gran obra de teatro que hacemos a diario, y cometer errores y lograr cosas importantes para nosotros. Es triste cuando vivimos la juventud sin saborearla realmente, sin oler, sin amar, sin odiar ni sentir, sin llorar de alegría o rabia, sin vivir la pérdida, el duelo, sin obligaciones. Es hermoso cuando veo que la juventud vence al sistema, y es plena, feliz, casi eterna.

Recuerdo una mañana con un primo donde éste me retaba a lanzarme de un muro que daba hacia el parque de donde vivía, y lanzarse implicaba al menos 4 ó 5 metros de altura, tenía 7 años, y lo hice. No tuve miedo, ni dudas, caí de pie y con la flexión y el contacto con mi rodilla me rompí un poco el labio; me paré y fui al parque… Hoy día no creo que haga algo así, aún y cuando mi tamaño es mayor y una distancia de ese tipo no es tan grande para mí, soy consciente de los riesgos que puede implicar una caída de este tipo.

Quizás es eso lo que mata la juventud, la consciencia sobre los riesgos que implica la vida. Cuando eres joven apenas te rozas con esas normas, pero cuando te incorporas al mundo adulto no. Las mismas son importantes y hasta obligatorias. Deberíamos llevar una vida más simple, sin tantos formalismos ni presiones sociales. Deberíamos dejar que el niño o joven interno que llevamos en verdad saliera del corazón y diera siempre una última batalla ante lo que nos sucede.

El fin de la juventud me recuerda constantemente que ya estoy un paso más cerca de la muerte final, que es la más definitiva de todas, de la cual no hay regreso…

viernes, marzo 18, 2011

Un año más, y los diez anteriores...

Pensé que no iba a suceder, pero sí. La nostalgia, la añoranza por un año más de vida volvió a colarse entre mis pensamientos...

Ayer recordé mucho los años vividos... cuántas cosas ocurrieron en estos últimos 10 años de vida. Recorde las tristezas, los amores, los que ya no están, los que llegaron, los que simplemente desaparecieron. Los últimos meses han sido una antología de recuerdos, de lugares, de gente. Recien me estoy dando cuenta que tengo diez años en el mismo sitio, moviéndome con más o menos intensidad a varios sitios, pero volviendo al punto de origen, al mismo.

Hoy son 26 años. Hace 10 años eran 16. Mis sueños me auguraban un futuro prometedor, una carrera asegurada en la mejor universidad de este país, el inicio de mi carrera laboral en una importante institución, amigos por doquier (eso creí, quise creer), la certeza de un amor que nunca fue (mejor, Dios tiene sus tramas), y la posibilidad de una casa estable. No puedo decir que los sueños se cumplieron casi todos, pero hoy siento que no, en estos momentos siento que el tiempo se escurrió y que no logré todo lo propuesto. Hubo un momento puntual en esos 16 ya 17 años que mis sueños se cumplieron y decía " ¿qué haces cuando tus sueños se cumplen? ". ¡Bueno!, luego de cumplidos ahora toca vivirlos, ¿no?

Comienzo a hacerlo pues, y de pronto, la amenaza de aquello que nos ciega la existencia se cierne sobre mis hombros. De golpe comprendí la esencia de lo urgente, lo desesperante, lo definitivo. Tuve que crecer unos centímetros, no en estatura, en compromisos, madurez... Mi carga comienza a hacerse pesada, pero aún podía. Aún mi corazón albergaba los ánimos necesarios para seguir adelante. A la par me inserté en un mundo donde ya no podía ser adolescente, mucho menos niño, y donde conocí en verdad el nefasto "don de gente" de las personas, y tuve que ponerme a la altura. Reconozco con un poco de orgullo malsano que me sentía por encima de muchas de esas personas, y era así, y eso no gustaba. Ahí comencé a reflexionar sobre una frase que yo mencionaba mucho "lamerse las heridas". La gente confunde o quiere confundir la dignidad con la incapacidad, de modo que si ofendes el trabajo de otros se sienten mal y aducen que no te puedes meter con su dignidad de personas... Nunca me pareció correcto, hoy tampoco, siempre he apuntado a lo alto cuando hago las cosas... Finalmente comprendo algo que me dicen, y es que no todos tenemos las mismas capacidades. Yo me resistía a creer esto, pero bueno, parece que sí es así. Esto me costó algunos potenciales amigos. Hoy no sé qué tantos...

Cuando creo que las cosas van encaminándose, y que finalmente me estoy adaptando a esta vorágine de cambios la muerte sienta reposo definitivo en alguien que se quedó en mi corazón para siempre, y que, a veces, en silencio, sigo llorando. Él fue una persona que le regaló dos o tres años de felicidad y tranquilidad a mi mamá. Aún recuerdo esa noche en el hospital... aún recuerdo el pavor que sentía al enfrentarme a lo que ya no tiene retorno. Recuerod el olor a flores del féretro. Recuerdo que por primera vez en mi vida me quedé sin lágrimas...

Los días venideros fueron difíciles, tenía que lidiar entre consolar a mi mamá, estudiar, trabajar, y todo esto hacerlo calladito, sin que se escapara una lágrima. Ahí comencé a conocer y amistarme con la soledad. Me estaba dando cuenta que ella siempre ha estado allí, curiosamente, haciéndome compañía. Mi madre casi muere en aquellos días de 2004. Eso me causó mucha desesperación, era como si estuviera viviendo una prueba muy dura. Algunas personas de mi entorno hablaban de la "noche oscura" de San Juan de la Cruz. No lo conocía. Mientras tanto, seguían pasando los días, y con ellos horas infructuosas en la universidad. No recuerdo en este momento de dónde tuve fortaleza para seguir adelante. Supongo que Dios estaba allí. Debe ser...

En 2005 las cosas mejoraron un poco: ese año fue muy revelador porque me decidí a amar a alguien, y a dejar de querer a otra persona que nunca me quiso. La soledad y yo habíamos hecho una agradable compañía, pero sus abrazos eran tenues, y no me daba besos ni caricias, sus sentimientos eran pálidos, sustituibles fácilmente. Sin buscarla casi apareció; tímida, sencilla, presente. Recuerdo que meses antes un amigo vió lo que antecedería mis próximos días, y yo me negué a tales profecías, no por algo en particular, sino porque no lo había pensado en realidad. Las tretas del destino, mujeres y hombres actuantes en una obra que quizás nunca debió presentarse jugaron para que yo viera cumplido un deseo que había pedido meses antes... Fue inesperado, sorprendente para casi todos los que nos conocían. En este año dejé de ser un niño. Quizás es gracias a ti y a la música que aún sigo luchando hoy. ¡GRACIAS!

De pronto, un nuevo trabajo, otras alternativas y un hogar más calmado pueden definir mis días de 2006. La universidad seguía su curso, lejano aún por terminarse, a pesar de todo el tiempo transcurrido. Sigo afirmando que esto es mi mayor logro y mi peor fracaso, pero debo terminar. En este año la vida no descontó ninguno de sus días insípidos, de modo que igual me tocó vivirlos. Hubo momentos de alegría, otros no tanto, pero fue un año en el que puedo decir que comenzó mi estabilidad en muchos aspectos. No obstante, por dentro algo había cambiado drásticamente. Me sentía como un jarrón chino, el cual es bonito por fuera, pero vacío por dentro. Así estaba. En días posteriores de 2007 me hacen una invitación a un viaje que sentaría un antes y un después en mi vida. Y así fue. ¿Has tenido alguna vez la necesidad de que Dios mismo sea quien te responda tus más profundas dudas?, ¿has recibido una respuesta tan cercana a esto alguna vez?...

Los años venideros han sido más relajados. El dinero ya no fue un problema tan importante, y las cosas ya estaban mejorando. Ahora la situación en mi casa es que estoy más tranquilo, mi mamá tiene compañía o un intento de ella, y mis cosas van bien. No obstante, la amenaza de la parca se acerca de pronto, pero no logra sino darnos un susto. Sigue la universidad, pero ahora de un mejor ánimo. Hay otros problemas en casa que de momento son graves, pero si tienen algo positivo es que nos están haciendo dar cuenta que la unión es la clave. A pesar de tanto rollo creo que vamos por buen camino.

Amores, desamores, traiciones, milagros, luchas, victorias, derrotas han ido marcando estos últimos años... Parece que algunas personas con los años por delante no aprenden, sino todo lo contrario, pero bueno, qué se le puede hacer... Por momentos he decaído, me he sentido mal, pero he tenido la entereza para yo mismo ser quien busque ayuda. lucho constantemente por no dejarme llevar por la corriente, que pareciera ser cada día más fuerte. No me quiero rendir.

Como antesala al final de esta década, pensaba que no me siento reconocido en los ambientes donde estoy, y eso me inquieta un poco. Quizás es la costumbre lo que me está jodiendo la existencia, y no me deja irme. Tal vez sea tiempo. En esa búsqueda he pretendido que mi voz fuese escuchada en otros entornos, y al menos, en uno -aparte de este blog- encontré tal reconocimiento. Tenía tiempo que no ganaba algo tan importante, es más, creo que es la primera vez que obtengo un primer lugar en algo, y se siente muy bien, jejeje. Como antesala a este nuevo año que hoy comienza es muy bueno y motivador... Siento que aquí se abrió la ventana luego de tantas puertas cerradas.

De pronto todo esto era necesario para llegar hasta donde siento que estoy hoy.
¡No estoy dispuesto a rendirme!, y no han conocido tod de mí, ¡ahora es que falta!...

Y si no te gusto, la puerta siempre ha estado abierta... Jaja!! :D

jueves, marzo 10, 2011

Y si Dios no......

En mis intentos diarios siempre pienso que Dios tiene planes para cada uno de nosotros, y que las cosas se dan según su parecer. En ese sentido siempre recuerdo la historia de Judas Iscariote, y ello me pone a dudar. Han habido muchas versiones de cómo fueron los hechos, pero aquello en lo que todos coinciden es que él traicionó a Jesús. Luego de esto Judas no pudo con la carga y se ahorcó. Con una teoría o con otra, con fe o sin fe, sin su "injusta" acción no habríamos tenido un redentor como lo pinta la historia, y aquí viene mi inquietud...

Todos tenemos una vida, la cual ha sido buena, mala, peor, horrible, magnánima, milagrosa... en fin, cualquier adjetivo que le queramos poner está bien, y además según lo que nos enseñan desde pequeños cumplimos un plan dispuesto para que seamos felices, logremos la salvación, superemos la prueba, obtengamos dharma, en fin, otra cantidad de justificaciones. Mi pregunta es: ¿y si mi plan fuera como el dispuesto para Judas?, ¿y si mi plan implicara un sacrificio mayor que el del propio Jesús? No creo que Judas haya imaginado EN SU VIDA que iba a contribuir con la mismísima muerte del cordero, aquél redentor que durante siglos esperaron los hebreos. ¿Qué sería de mí si el plan que Dios tiene para mi implica algo como esto? No sé qué pensar.

No pretendo desmerecer la teología asociada al caso, sólo planteo una hipótesis más humana, comprensible a nuestra lógica científica, factible. El hecho de pensarlo me causa conmoción. Osea, ¿quien es mi salvador según el credo católico es mi verdugo personal?, y además, ¿voy a contribuir con la salvación de la humanidad a costa de que toda esta me odie por siempre y para siempre?, ya pasé de la conmoción al "whathefuckeo", el paroxismo del asunto...

Hay varias cosas, una es que también nos han enseñado que el sufrimiento es un camino para redimir la culpa, o soportar la prueba, y es algo fehaciente, genuino que podemos entregarle a Dios, o la deidad en que creamos. Los budistas hablan del Karma, entendido como ese conjunto de pruebas o cosas malas que en la vida terrena vives producto de malas acciones del pasado inmediato, o bien, de otras vidas pasadas. En el credo católico, el sufrimiento también cumple con esta función liberadora, expiatoria, o como un mecanismo para poner a prueba nuestra fe, entendida como aquella virtud consistente en dar por cierto algo que a la luz de la comprensión humana es imposible, ej. la transubstanciación del pan y vino eucarístico en cuerpo y sangre de Jesús, como memorial de su sacrificio en el Gólgota. Inclusive, es tan así que los estigmas corporales que tiene mucha gente se consideran "regalos, dones" de Dios para con sus más fieles.

El caso es que hay formas de formas para cumplir la misión encomendada, y parece que la predilecta es dar tu vida al servicio de gente que, quizás no la merece. Tal vez los católicos acérrimos que lean esto me estarán condenando, aduciendo que "pobre, su fe no tan sólida", o espetando cosas como "este muchacho no conoce de nada, es un hipócrita", o quien sabe qué mas... (no me importa), pero lo cierto es que me parece que Judas fue alguien vital para que se pudiera decir la frase, "todo está consumado". Lo que no me gusta del asunto es que a él le tocó hacer el trabajo sucio.

Hace poco me dijeron que Jesús esperaba que Judas al salir de la última cena cambiara su parecer. Me pareció convincente el argumento, puesto que Dios nos conoce, y quizás sabía que Judas, tentado, ignoraba qué estaba haciendo. Al final interviene la acción humana, ese albedrío.

Volviendo a las líneas iniciales, y partiendo de la creencia en una vida después de la muerte, ¿será Judas feliz?, lo ¿seré yo si tuviese que traicionar al Redentor?, ¿se habrá cumplido el proyecto de Dios?, ¿tendré que morir, dar todo para que se cumpla la obra?.

Ahora siento una conexión con las emociones del Nazareno en aquél huerto, aquella nefasta noche...

* whathefuckeo: jerga venezolana del inglés "what the fuck!"

jueves, diciembre 30, 2010

Retrospectivas....

Si pudiese asumir lo vivido en 366 días como toda una vida tendría resultados interesantes, y no muy alentadores. Decir todo lo que he vivido este año no ha sido lo que esperaba es un poco decepcionante. Creo que fue como bajar una escalera hasta llegar a tierra firme, pero no porque estuviera soñando imposibles, sino porque la realidad me invadió por primera vez en muchos años. ¡Y vaya forma!.

Este año terminé de convencerme que no soy ese superhéroe que me decían que era; estaba provisto de una armadura, tenía capa y podía volar, cuando en realidad estaba casi desnudo. Esto me destrozó las entrañas. Este año me di cuenta que no puedo lograr todo lo que mi mente sueña, pues me harían falta dos o tres vidas más para hacerlo... es como si alguien hubiese venido y me hubiese matado las ilusiones que me acompañaron desde siempre.

Fue pasando el tiempo y entonces me enfrento a otra situación que termina de fulminarme: prácticamente puedo describir la situación como cuando te abren las costillas y te sacan el corazón con una cucharita, o como cuando todo dentro de tu ser es rojo, vívido y te tomas un veneno -por error, claro está- y todo comienza a ponerse de color amargo, y sientes que todo por dentro se deprime, se llena de frío y de tristeza. Lo peor de esto, es que cuando te das cuenta ya estás demasiado intoxicado por la sustancia, y la recuperación es lenta y dolorosa, y quizás en el camino hay gente que deja de estar a tu lado, que se va a vivir su vida a otra parte, y por más que quieras no puedes hacer más que aceptarlo.

¿Por qué amar duele tanto?...

Durante toda esta vida de un año me he resistido a pensar que la vida es esto, y he buscado alternativas para ya no sentir tan profundo como lo hago, para que no me duela. Por otra parte, he querido vivirlo de esta forma porque quise comprometerme con todo aquello que sentía, palparlo, saborearlo, explorar hasta el último rincón posible de esa emoción que vivo. Esto es adictivo, y perjudica en muchos casos, porque gran parte de eso que sientes se debe a lo que percibes del exterior, y no siempre lo percibido es real, o es tan profundo como yo quiero pensar. Se vuelve dañino. No obstante, cuando lo superas la sensación de paz es extrema.

Ante todo esto asumí una postura que, si bien me permitía estar bien conmigo mismo, no era propicia para mantener contacto con el mundo exterior... Siempre he hecho esto, pues no conozco otra manera de vivir los sentimientos. No puedo estar profundamente triste o decepcionado o molesto y a la vez sonreír y ser cordial para que la gente a tu alrededor se sienta bien... en este caso, se trata de mí mismo y de cómo me siento, no de cómo los demás se sienten. Coño!! si el mundo no fuera tan egoista estaríamos un poquito mejor...

Toda esta situación ha influido en mis opciones de vida este año. No se me ha movido el piso como tal, pero sí parece que ha cambiado el rumbo y la velocidad. Gracias a Dios... Ya no aguantaba tanta carrera con desespero. En ese sentido me considero un corredor profesional, pero hasta Usain Bolt necesita descansar. Esa ha sido una palabra que he aprendido este año. El cuerpo es un templo y como tal debe cuidarse en todos los sentidos. Creo que luego de tanto ajetreo estoy considerando el Slow Food como un movimiento al que me voy a sumar. Esto forma parte de toda aquella carga que tuve hasta hace poco. Obvio, con todo eso no me alcanzaba el tiempo, ello me creaba frustración y caía en el círculo del que estoy casi por salir... Todo a su tiempo, total, cuando la muerte llegue habré hecho justamente lo que tenía que hacer... Creo que en esto radica la idea del abandono total, hay que confiar en que algo más allá de nosotros mismos rige nuestro camino, ese plan, esa misión, whatever.

Creo que al final del camino aprecio esta vida de un año como un arduo camino de aprendizaje, que si bien no he terminado, al menos he pasado algunas de las pruebas duras que debía pasar. Supongo que todo esto formó parte de esa transición de joven a adulto joven. Aprendo que también no hay que tomar a la gente tan en serio, ya que muchas veces la propia gente no sabe qué quiere ni qué hace a diario, lo cual es tierra fértil para errores, y todos tenemos derecho a una parcela de esas.

A pesar de lo dicho anteriormente, creo que no debo olvidarme de mis sueños... Sólo que no puedo hacerlos todos a la misma vez, pues ya no debo asumir que toda mi vida va a ser nuevamente en 365 días, sino mas bien en una colección de éstos. Pobre de mí si pasan las décadas y no logro nada. Creo que es necesario planteármelos uno a uno, o dos a dos, según el ritmo y la intensidad que éstos requieran. Como corredor, ya tengo experiencia y puedo hacerlos a una velocidad mejor, con buenos resultados. También es importante tomar conciencia de a dónde nos llevan esos sueños. En mi caso, aún no lo tengo claro, pues quiero ir a todas partes, y en realidad es posible, sólo que toma tiempo.



martes, noviembre 23, 2010

Amargura y la muerte......

El Dr. Igor, célebre director del manicomio de Villete, en Eslovenia, describe la amargura como una especie de químico producido en el organismo a partir de las reacciones que las personas tienen con respecto a un ambiente adverso, la pérdida de interés en las cosas simples y cotidianas de la vida, o la falta de éstas. Esta "sustancia" irradia -cual quimioterapia- el organismo de la persona hasta un punto tal que nubla los sentidos y deprime todo el sistema. Al final, la persona víctima de este mal deja de encontrarle sentido a la vida, o por el contrario, busca revelarse de manera estóica, pero cuando esto pasa ya la amargura ha invadido el corazón de ésta y no queda mucho por hacer, excepto esperar la muerte, vengadora soberana que libera de las prisiones corporales a quienes sufren esta enfermedad por cualquiera de sus motivos...

Nunca me había llamado la atención Paulo Coelho. No obstante, debo decir que Verónika, la joven presa de esta enfermedad y su auténtica y profunda revisión de la vida en esa semana en Villete me cautivó. Cuando vivo a partir de los preceptos que la sociedad establece aún y cuando no los comparto y soy rechazado por ello siento que algo dentro de mi muere. En efecto, la amargura me está invadiendo. Esta no sería la primera vez que me imagino cómo sería mi funeral, no por el hecho de querer morirme como en el caso de Verónika (pienso en salidas menos cobardes, como irme a un país totalmente desconocido para mí y comenzar de cero, pero la muerte, muy poco), sino más bien por fijarme en cuánto he sembrado, cómo lo he hecho.

Yo siento que he luchado contra la amargura durante mucho tiempo de mi vida. Estuvo fuera de mi durante varios años, cuando me creía alguien logrado, en perspectiva, con una alta maestría personal, pero hoy debo admitir que tengo un poco de ella en mi sistema. Definitivamente, no logro adaptarme a ese mundo cínico de convencionalismos, y tampoco consigo mucha gente con la cual compartir la vida de este modo. Todo es superfluo, pareciera que hay mucho que esconder o mucho que proteger, pareciera que tanto dolor y hostilidad en la atmósfera no nos dejara ser como somos, o de pronto estoy siendo ingenuo y resulta que la humanidad es así como la veo, y no hay más allá. Sigue con su tendencia natural a la autodestrucción, en palabras del Dr. Igor.

Mientras que leía la breve semana en la que Verónika decide Morir me sentía parte de Villete: encuentro a mi paso a muchos Edwards, a quienes les arrebataron sus sueños por no entender -o compartir- los ideales del mundo de la diplomacia; encuentro a "La Fraternidad" por doquier, con la diferencia que aquí la gente no busca la superación personal, sino consolidar sus egos, ya que ellos son quienes únicamente tienen la razón; también encuentro a muchas Mari, quienes no tienen el valor de vivir porque hubo algo que las atemorizó para siempre; y a muchas Zedka, que perdieron el sentido en las cosas materiales y están en vías de comprender el camino espiritual que nos une con algo mayor que nosotros... pero desisten.

Lo ideal sería que la amargura te indujera a la tristeza o la depresión, en su manera más manifiesta, pero en este caso, a Verónika le adormeció las emociones, la hizo incapaz de sentir nada, le mató la vida.. no, la "vida" le mató su vida, y la amargura hizo lo suyo.

Admirable también es la figura del Dr. Igor, pues estaba dándolo todo en su tesis, y estaba haciendo un experimento poco ético (pero necesario) que marcaría, años después, el camino a la cura de los problemas de la gente. No es justo ni posible desperdiciar días de existencia cuando hay tanto por vivir... Quizás, es necesario tomarse un tiempo para evaluar las cosas, revisar el camino recorrido, dormir bien, comer sabroso, salir a recibir un baño de sol, tocar el piano, desnudarse y amarse uno mismo, recobrar parte de esa dignidad que la vida te quita, o que no te enseña a vivir a plenitud. Y como en el caso del Dr. Igor, recordar/enseñar esto a muchas personas sin siquiera esperar las gracias.

La vida pareciera ser una balanza entre dar y recibir. Yo siento que he dado bastante en estos años de caminarla. Mi problema es que ahora que me dispongo a recibir no me gusta lo que me dan. Ahí me pregunto: ¿será que no di algo bueno?, o ¿lo di y lo quité, de modo que en suma no he dado nada?, o que ¿aquellos a quienes di son unos malditos egoistas? No lo sé.

Ahora mismo me debato entre ser de ese mundo y relacionarme sabiendo que lo que veo son avatares de vacíos espectros que se dicen a sí mismos humanos, o seguir mi camino tratando de buscar alguien con un corazón verdadero y visible entre sus armaduras. Cuando lo defina, saldré de Villete para ver las Visiones del Paraíso de Edward, junto a Verónika...