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martes, febrero 28, 2012

Esperanza.

(Esto fue una inspiración a partir de Navidad, pero bien sirve para la cuaresma, o para pensar un rato)….

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En el mundo la gente se desvive a diario en luchas eternas por lograr las cosas. Levantarse temprano –no es mi especialidad-, trabajar, atender la casa, los niños, la pareja, sumiéndose en la rutina diaria, cotidiana. Son cada vez menos los espacios disponibles para hacer realidad nuestras propias aspiraciones porque nuestras múltiples ocupaciones ya nos priorizan otras tantas.

He escuchado varios cuentos de artistas que quieren brillar en Hollywood y comienzan como meseros en restaurantes cercanos para ver si, al fin, la oportunidad llega.

Podría decir que “esperanza” es aquel sentimiento motivador, generador, inagotable, capaz de mantenernos a flote aún en las situaciones más difíciles o adversas. La esperanza es la añoranza de lo posible, y lo imposible, a veces. Es esa capacidad de esperar unida a ese deseo de lo intangible y no existente en el momento presente.

Recuerdo una película donde una madre pierde a su hijo y a las semanas aparece un niño que dice ser el suyo. Al final el chamo no era el de ella (se lo había dado la policía por mera política del momento) y comienza a buscarlo por doquier. La mujer pasó el resto de su vida buscándolo. La mujer murió y el chico no apareció. Aún se recuerda a la mujer –quien existió en la vida real- y se sabe que el chico no ha aparecido aún. Quizás ya por la edad esté muerto también.

Con esto me pregunto, ¿realmente la esperanza es importante (o necesaria) en nuestras vidas?

La esperanza para mi es una actitud humana, como lo es el optimismo. A veces sirve y a veces no. Me he preguntado si pudiéramos seguir viviendo sin esperanza. A veces la mayoría de la gente deja en manos de la esperanza la solución de muchos de sus problemas: la posibilidad de acceder a bienes materiales, la cura de una enfermedad terminal, el fin, comienzo o reconciliación en una relación, el resultado de la crianza de los hijos, etc., cuando lo que en realidad se debe hacer es afrontar la realidad tal cual es y trabajar en función de ella para mejorarla.

Pudiera asumir que la esperanza es necesaria para vislumbrar el punto de llegada de mi proyecto personal, pero no es determinante en un orden de cosas. No la considero esencialmente ineludible para lograr lo propuesto. Puedo conseguir algo sin tener esperanza. Puedo tener esperanza y no conseguir nada. La esperanza requiere de acción. La esperanza debe ir unida irremediablemente a la realidad, sino carecería de cualquier fundamento que le diera sustento.

Creo en la realidad, por más variopinta que sea. Una vez leí una frase que afirmaba de un carácter de cine: “es realista al extremo de no ser humano”. Eso es lo que somos.

Esperanza también puede ser o representarse como ánimo: tengo una frase que leí en un artículo de prensa sobre un seropositivo, dice “No hay que ponerse negativo (…) aquí te dan cariño y esperanzas”. Lo quiera o no va a morir, y muy probablemente primero que cualquiera de nosotros, de hecho, es posible que ya lo esté porque dicha frase es de 2008. Entonces, ¿qué rol cumple o para qué sirve la esperanza en esos casos donde de todas maneras vas a morir? ¿Se convierte realmente en un alivio para quien suponemos la necesita?, en este mismo orden de ideas en una parranda navideña que en alguna oportunidad llevábamos a un hospital me acerqué a un enfermo de sida en fase terminal, le ofrecí un crucifijo y le dije que “Dios estaba con él” (la verdad fueron palabras muy falsas las que salieron de mi boca, no porque quizás esto no fuera cierto, sino porque, dada la intensidad de la situación fue lo que se me ocurrió decir… un cliché más). Quedé absorto con su respuesta: “Dios ya no está conmigo”…

La esperanza radica en la idea de una prueba o karma por superar, la ilusión de que siempre es lo bueno lo que nos va a suceder y no hay espacio para la fatalidad. Esto es un error. No pretendo ser pesimista, mas sí quisiera empeñarme en no desligarme de la realidad. Lo malo o lo contrario existe, y debe ser tomado en cuenta dentro de nuestros planes si queremos lograrlos y tener éxito.

Tenemos la idea que lo bueno siempre se impone a lo malo, que nuestra virtud humana se antepone a nuestros instintos o bajas pasiones, pero realmente he podido entender que la esperanza, el verdadero milagro se produce cuando cualquiera de nosotros da un paso al frente y hace algo. Se puede ilustrar con el dicho “mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”. La verdadera esperanza surge de nuestras propias acciones, mucho más allá de la noción de un redentor que nos librará de las culpas y nos llevará a las tierras celestiales. La esperanza surge del trabajo honesto, del esfuerzo, del sacrificio, de la lucha por ser mejores cada día en lo que somos y hacemos, no por una fuerza sobrenatural que los libra de vicios y temores así y ya. Si así fuera, Dios no habría dejado en manos del hombre su propio destino. La esperanza, al igual que el cielo, se consigue construyendo la escalera, no esperando subir en las nubes. Sólo puede tener esperanza quien ha hecho todo cuanto estaba a su alcance para lograr algo y no le queda sino esperar a que, por sí mismo, se dé.

La esperanza es visible en el “levante” de una torta en el horno, luego de usados los mejores ingredientes, y cumplidos eficientemente todos los procedimientos. Es precisamente aquello que no controlamos, pero que sí condicionamos para que ocurra.

Dios puede creer y tener esperanza en mí, pero si no hago nada permanezco en el mismo lugar.

La Carne Humana.

(Igualmente, esto es de diciembre)….

frase de Pierre Teilhard Chardin: “No somos seres humanos atravesando una experiencia espiritual; somos seres espirituales viviendo una experiencia humana“.

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No es un post sobre antropofagia, aunque con lo que comentaré se podría decir que sí, casi….

El 2011 ha sido un año lleno de decepciones. He tenido la desdicha enorme de conocer la parte ruin de mucha gente en los más variados ambientes: desde peleas entre ciudades hermanas, pasando por traiciones y deslealtades con gente a quienes admiraba y ya no, o mariqueras de gente inmadura, hasta “implosiones” de gente que se suponía indestructible. En algunos de estos casos he podido vivir la fragilidad humana en su máxima expresión.

Soy un hombre estricto en muchos aspectos de mi vida (casi todos). Soy alguien capaz de amar u odiar con intensidad. De mi parte no se ha conocido la traición, la desidia o la deslealtad. He sido lo contrario a toda prueba. He sido honesto, he dado con humildad la cara por mis errores y me he regocijado con mis logros, gústele a quien le guste o no. Le he dicho a la gente lo que pienso en su cara, de modo que además de asertivo, tampoco he sido hipócrita. He entendido el porqué de mis emociones y me he dado amplio espacio para vivirlas. He procurado en un arduo esfuerzo ser respetuoso conmigo mismo, así esto no sea del agrado de otros.

Todo esto, unido a esta frase inicialmente comentada -de la cual supe hace algunos años- me pone a pensar, a recordar que nuestro tránsito por la tierra es momentáneo. Si le queremos dar un enfoque trascendental a nuestra existencia necesitamos entender que nuestro paso por este mundo es o consiste en un proceso intenso de purificación, de aprendizaje, de evolución. El espíritu no siente, sólo es, de modo que la carne se convierte en un vehículo para comunicarnos y hacer historia entre nosotros mismos. No existe otra forma intangible capaz de producir tal efecto. Los muertos no pueden acariciarnos, ni nosotros abrazarlos a ellos. La memoria, si bien parte de un hecho material es acervo milenario de nuestra esencia, no se puede tocar, no tiene olores ni sabores, aún alguien que haya perdido la vista la puede traer al momento presente, no se oye, no se siente, es pasado.

La experiencia del cuerpo es única e irrepetible, al menos de manera consciente si se cree en la reencarnación, y es casi imposible hasta que llegue el juicio final revivirla si creemos en la resurrección. Aún vuelto a nacer o vuelto de la muerte la experiencia sería distinta, pues pasas a ser inmortal.

Pese a tanto milagro junto hay seres que usan su cuerpo para dañar a otros. Pareciera que no comprenden lo trascendental de la propia vida en el ámbito en el cual la conocemos y juegan con ella como si no hubiera mañana. El daño causado puede ser hacia otros o hacia sí mismos, y para esto no hay miramientos. Es como si la producción en masa de nuestro tiempo nos hubiera alienado el alma y ya no conociéramos sobre otra cosa que la rutina diaria, como si no hubiera futuro.

Hay otros que con un cuerpo perfecto se dedican sistemáticamente a joderles la vida a los demás porque no son capaces de abrazar sus propias miserias y tienen que esparcirlas por todas partes a cambio de un poco de aceptación y cariño. Es gente que es incapaz de autoafirmarse como seres completos, integrales, dignos, y por eso acechan entre las sombras, en lo clandestino, pues no tienen otra opción que huir de la claridad meridiana del día. ¡y con lo sabroso que es el sol!

Pero hay otros que lamentablemente no tienen ese cuerpo al 100% de sus capacidades, y aún así tienen una ¿¡vida!?, de modo que su experiencia del cuerpo es bastante similar a la etérea del espíritu, pues no hay mucho dominio de sus acciones. Esto es interesante: ¿cómo es la experiencia humana de esos espíritus que ahí habitan?, tal vez la experiencia humana es para quienes deben llevar a cuestas el cuidado de esos seres, forjar su temple, ampliar su paciencia, profundizar su amor. Tal vez esos seres casi inanimados o abstraídos de nuestro mundo son guardianes de nuestras intenciones, de nuestras acciones, o simples testigos de nuestros desencuentros con la realidad. Tal vez su avance es tal que no necesitan un cuerpo completo para vivir la experiencia humana.

Esa experiencia humana es muy difícil. Nacemos solos, llorando, comenzando a adaptarnos constantemente a la realidad tan cambiante, lo cual es una afirmación paradójica. Lo único constante es el cambio. Parece que para realmente fortalecer el espíritu, fomentar esa experiencia, es necesario el dolor. El dolor no es posible sin un cuerpo que lo sufra. Hasta el amor resulta ciego a veces al cuerpo, mucho más al espíritu, pero el dolor es directo, no se confunde, y en ocasiones puede ser letal.

Del dolor se derivan las otras “sensaciones” humanas: el odio, la desesperación, la angustia, la muerte, el desasosiego. El dolor produce lo mejor de nosotros mismos, es genuino, nos hace encarar nuestra realidad, nos deja desnudos. Definitivamente no hay nada más genuino que el dolor. El dolor pone a prueba nuestra templanza, nuestra resiliencia.

El dolor nos dignifica o nos reduce, pero algo que también tiene es la capacidad de sacar a flote lo más profundo de nosotros mismos. Nos hace elegir ser mejores o peores personas. Creo que en esa mínima acción radica la elevación o caída del espíritu. La elección.

El dolor a veces es combustible de nuestras acciones.

El dolor a veces es sinónimo de vida.

viernes, julio 29, 2011

Los Desafíos del Autoliderazgo....

Que vida tan hija de puta tenemos a veces....
Hay gente que pareciera nacer aprendida. Las veo y las re-veo y me afirmo este pensamiento. Hay personas que parecen perfectas, de cristal. Yo me veía así. Hoy me doy cuenta que no.

Hay gente que dice que lo que cuenta es lo que se proyecta al exterior. Escribiendo esto pienso en la panza de un cerdo, (creo es de este animal la que pienso); ésta tiene una superficie lisa, creo que esa es la externa, y por dentro es rugosa, llena de imperfecciones. Así me parece que es la gente en general, y siento algo de pena porque much@s dicen ser perfectos. No lo expresan con la propia voz, pero sus actitudes hacen ver las costuras. Hace algunos años me intimidaba ante muchas de estas personas, mis complejos me comían, literalmente. Hoy puedo pasarles al frente o por un lado y sencillamente cagarme de la risa.

Esto es bastante difícil. Suponer que te conoces y que puedes dominarte y lograrlo es una proeza. Somos animales domesticados por nuestros propios factores culturales, pero en constante lucha con nuestras bajas pasiones e instintos. No voy a decir que no me he dado gustos, pero no todos los que quisiera, ni en esa medida deseada. Creo que cualquiera de ustedes tampoco.

Pero yendo al tema de fondo, es difícil ser líder de uno mismo. En estos meses he aprendido algo de filosofía, y entre las reflexiones encuentro que sí, somos una unidad sustancial, pero que está contrapuesta la mayor parte del tiempo. En cada uno de nosotros hay un universo de dudas: qué voy a estudiar, dónde voy a vivir, cuántos hijos quiero tener, cómo o cuándo voy a morir, qué piensan de mí... etc... y todo esto nos condiciona, y nos hace actuar de una u otra manera. Y es difícil, porque de cara a la sociedad tienes un estilo o conjunto de valores y esquemas que promover, y que si se te caen entonces comienzas a ser señalado, y no siempre quieres correr con ese riesgo, pero cuando llegas a tu casa, a tu cuarto, a tu soledad, sacas ese mundo exterior lo que tienes dentro y, al menos por un ratito, eres feliz.

Me refiero a otro tipo de mundo exterior, a las represiones que este mundo te hace y cómo las sorteas, a vivir sin estar a la defensiva, atento a los comentarios malsanos de mucha gente podrida por dentro. Verónika, la de Coello, vivía con amargura, con un sin sentido que la hacía querer borrarse de este mundo. Creo que su propia salvación vino no solo por la presencia del amor en su vida, sino porque encontró a alguien con quien recordarse lo que ella era, o había decidido ser. Hay gente que dice que soy demasiado noble o demasiado pendejo, (para este momento de la historia parecen sinónimos), y ello me ha hecho pasar por momentos difíciles con gente que yo estimaba, quería, amaba en realidad. Los verdaderos errores se producen cuando no somos capaces de reconocer nuestras propias fallas, cuando nos aferramos a culpar al otro sin vernos a nosotros mismos, quizás porque sabemos de qué materia estamos hechos (conozco unos cuantos hechos de materia fecal, ellos saben quienes son)...

Entonces, conocerte, aceptarte y reconocer tus errores son partes de tu autoliderazgo, pero lo principal, es ser fiel a eso que eres. Si está en ti cambiarlo, cámbialo, para mejor, sino, date tiempo. No habrá mucha diferencia porque son pocos los que aceptan este desafío y prefieren irse por la tangente de errores imperdonables y una vida marcada por la tragedia y el desasosiego personales. Son pocos los que se atreven a mirar dentro y comenzar a escalar las cumbres que representan sus propios complejos. Son pocos los que han sido capaces de izar su propia bandera en la cima de éstos.

Yo lo hice para algunos, pero al llegar a esas cimas, me encontré con otras nuevas, y comencé de nuevo...

viernes, abril 22, 2011

Cuando muere la Juventud….

Es curioso, crecer es muy difícil, la pubertad, el acné, la presión social, el sexo, las emociones más profundas se viven en este momento. Cuando llegas a ser un adulto joven comienzas a codearte con el mundo real, y a simple vista es hermoso: las cosas funcionan, hay gente valiosa, algunas veces los sueños de la juventud se cumplen. Pareciera que sí es posible un mundo justo, y más aún porque con nuestro “ilimitado” poder sentimos que podemos lograrlo. Lamentablemente, estamos viendo la tapa del frasco apenas…

La juventud es hermosa, pero ingenua, llena de ignorancia sobre cómo opera el mundo real, y cuando comenzamos a enfrentarnos a esto algo en nosotros comienza a morir, y es inevitable, y es triste, y definitivo; forma parte de nuestro continuo proceso de vida, tenemos que adaptarnos a las situaciones que vivimos a diario, y ellas muchas veces implican tomar decisiones o asumir actitudes que contradicen de manera importante nuestra manera de ver y hacer el mundo en el que vivimos. No es sencillo de ninguna forma.

Aquí comienza el verdadero proceso de la adultez, y es aquí donde me pregunto: ¿por qué si la vida es como es no nos dicen desde pequeños?, ¿por qué no somos preparados de mejor modo para enfrentar la vida?, ¿por qué necesariamente tenemos que vivir la decepción en primera persona?. En este momento ese impetuoso ser que llevábamos por dentro comienza a luchar contra el sistema. Quisiera decir que este joven prospera frente a su adversario, pero la verdad es que no es así. A este joven no le queda más que esconderse en el corazón del hombre con la poca energía que le queda, para así avivar el fuego que, a pesar de la decepción, nos impulsará a luchar contracorriente y al menos, lograr un sueño, así sea chiquitico, ínfimo, y con eso ser felices, saber que le ganamos una a la vida. Cuando todo esto pasa, nos hacemos conscientes que de nuestra juventud queda poco, o nada.

La juventud es un momento hermoso de nuestra vida, porque hasta los errores son así, hermosos. Las cicatrices de nuestro cuerpo dan cuenta de nuestra historia, tanto como las que llevamos en el alma, pero éstas configuran al ser que somos hoy. Es un tiempo magnífico para ensayar sobre esa gran obra de teatro que hacemos a diario, y cometer errores y lograr cosas importantes para nosotros. Es triste cuando vivimos la juventud sin saborearla realmente, sin oler, sin amar, sin odiar ni sentir, sin llorar de alegría o rabia, sin vivir la pérdida, el duelo, sin obligaciones. Es hermoso cuando veo que la juventud vence al sistema, y es plena, feliz, casi eterna.

Recuerdo una mañana con un primo donde éste me retaba a lanzarme de un muro que daba hacia el parque de donde vivía, y lanzarse implicaba al menos 4 ó 5 metros de altura, tenía 7 años, y lo hice. No tuve miedo, ni dudas, caí de pie y con la flexión y el contacto con mi rodilla me rompí un poco el labio; me paré y fui al parque… Hoy día no creo que haga algo así, aún y cuando mi tamaño es mayor y una distancia de ese tipo no es tan grande para mí, soy consciente de los riesgos que puede implicar una caída de este tipo.

Quizás es eso lo que mata la juventud, la consciencia sobre los riesgos que implica la vida. Cuando eres joven apenas te rozas con esas normas, pero cuando te incorporas al mundo adulto no. Las mismas son importantes y hasta obligatorias. Deberíamos llevar una vida más simple, sin tantos formalismos ni presiones sociales. Deberíamos dejar que el niño o joven interno que llevamos en verdad saliera del corazón y diera siempre una última batalla ante lo que nos sucede.

El fin de la juventud me recuerda constantemente que ya estoy un paso más cerca de la muerte final, que es la más definitiva de todas, de la cual no hay regreso…

domingo, abril 03, 2011

De cuando las amistades se pierden….

Efectivamente, creo en que las amistades también se pierden, en el tiempo, en el camino, pero se pierden. También se pierden porque a mi modo de ver, y a ciencia cierta conocemos poco el significado de la palabra “amistad”. Hasta aquí no digo nada nuevo… A todas estas… ¿qué es un amigo?.

A lo largo de nuestra vida vamos caminando en distintas direcciones, tomamos decisiones, hacemos elecciones, ganamos, perdemos, tenemos momentos de felicidad y de tristeza, de rabia, y la verdad verdadera es que estamos solos. Habrá alguno que otro que diga que no es así, que hay gente que se contenta con tus logros o es solidario con tus caídas, pero si esos momentos se reducen a un escueto “felicitaciones” o el baboso “mi sentido pésame –que en la mayoría de los casos de “sentido” no tiene nada-” entonces confirmo mi sentencia.

Recuerdo un cuadro de Jesús que decía “el amigo que nunca falla”. De ser eso así, entonces supone que Jesús es un símbolo casi tautológico de aceptación, verdad, amor, etc… y a mi modo de ver debes cumplir con ciertas reglas para que ese “amigo que nunca falla” (comillas por señalar la frase, no en sentido peyorativo) realmente no falle… Sino, pregúntaselo a un Gay cuando se quiere casar… Claro, aquí hago mención a la entidad que profesa el culto a Jesús, no a la deidad en sí, pero esto es un tema amplio que forma parte de otro post.

Eso me lleva a lo siguiente: las amistades se basan en acuerdos de convivencia, debes cumplir con ciertos preceptos para que la amistad fluya. Quizás, al final la “relación” de amistad se basa en una mera transacción. Yo doy si me das. Si no doy y tú no das el tiempo se encarga de que esa amistad entrañable quede en los álbumes, de recuerdo. También es cierto que –y contra la gran tendencia predominante- aunque los años pasen muchas personas seguirán siendo amigas y habrán creado un nexo importante, capaz de resistir los embates del tiempo… Pero son pocos los casos… Si no estoy al tanto de lo que pasa en tu vida ¿cómo podría llamarme amigo tuyo?, ¿realmente lo soy?… Cuando aquello que ese amigo me daba se termina y yo lo veo saciado ya no me interesa mantener la amistad. Osea, somos amigos utilitarios… También se da el caso en el que si doy y no recibo me molesto, o al contrario, igual resultado. Parece que mi búsqueda de definir la amistad encuentro que la misma se basa esencialmente en relaciones de intercambio capaces de satisfacer las necesidades del otro. Si esas relaciones no son satisfactorias, la amistad fenece.

Una de las situaciones más connotadas que dan fin a una amistad es el comportamiento del otro. Yo me asocio, se amisto con personas que  considero pares, bien en conocimientos, en madurez, en experiencias o trabajos comunes. Ahí está el primer error: al pensar que estamos en el mismo lugar o compartimos los mismos intereses pienso que de alguna forma esta persona debe razonar como yo en gran parte de las cosas, y esto no es cierto. Cuando esta persona se equivoca causa la pérdida de la “amistad”, rompe confianza, desilusiona, genera tensión, o simplemente ya no es agradable contar con su presencia. En casos extremos los sentimientos de afecto, cariño se transforman vertiginosamente en rabia, incluso odio o peor, indiferencia. Es un comentario necio, pero ¿por qué pasa esto?, aún siendo diferentes no deberíamos tener criterios iguales en cosas puntuales, los valores no son negociables (los valores de cada quien), ¿por qué entonces te traicionas a ti mismo? ¿por qué no eres fiel a aquello en lo que crees?. Ante mí una persona con estas características deja de ser amigo automáticamente, so pena de estarlo juzgando, no me importa. Es imposible confiar en alguien a quien ya le has perdido la confianza productos de sus errores.

Con esto, caigo en la pregunta inicial, ¿qué es la amistad?. Hablamos de amigos y no sabemos el significado tan profundo que tiene esta palabra.

Hay otros que resuelven la cosa fácil: me relaciono contigo hasta donde pueda o quiera hacerlo, o hasta donde tú me lo permitas… Osea, ¿si yo me drogo y no permito que se metan mis amigos en ese aspecto de mi vida está bien?. Obvio que estoy siendo extremo, pero en un caso, no sé, alguien con un problema serio de depresión, ¿me involucro hasta donde me lo permitan simplemente?, ¿estoy siendo realmente amigo?, ¿no es precisamente esto lo que el mundo entero reclama? no hay interés en el otro, porque mi relación se basa en “hasta donde tú me lo permitas”, aún y cuando yo puedo ayudarte más de lo que lo estoy haciendo, o bien cuando soy capaz de ir más allá y sacarte de la tina de mierda en la que estás. Sorry, pero eso tampoco es amistad. Encontrándome en tal situación prefiero drenar en este blog donde quien quiere me lee y quien no no, pues…

En facebook a la fecha tengo más de 500 amigos, ¿amigos?, no he hecho mucho por ustedes como para ostentar este título. A la orden estoy.

viernes, marzo 18, 2011

De Hace Años A Los Próximos 10 Años.

Saludos estimad@s,
Aquí les dejo el ensayo con el cual fui premiado como Primer Lugar de la Región Capital, en Venezuela, en el Concurso de Ensayos "Pensando en Venezuela", del Centro de Políticas Públicas Ifedec. Éste fue escrito en noviembre de 2010, en el medio de importantes reflexiones personales como joven y como ciudadano...

En el link, la nota de prensa, por si las dudas...
http://www.eluniversal.com/2011/03/13/imp_pensando-en-venezuela-premio-su-primer-concurso.shtml
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            Pensar en qué puede suceder en los próximos 10 años en Venezuela constituye un verdadero desafío. Un hermoso país con nombre de mujer está siendo sujeto de grandes cambios, está dejando de ser joven, está superando complejos propios de su adolescencia. Esa joven nación creció, conoció el amor y sus promesas, también el desamor, producto de tantas mentiras y actos desleales.

            Venezuela sin duda alguna es una tierra de oportunidades, y mejor, es una tierra con gente deseosa de hacer futuro. No es difícil encontrar en cada esquina de Caracas –mi ciudad- a innumerables grupos de venezolanos “de a pie” discutiendo, según su óptica, cómo resolver los problemas del país. Esto es un signo importante, pues afirma que al venezolano no le es ajeno lo que está sucediendo, “le duele” su país. No obstante, son estas mismas personas quienes unos pasos más adelante echan desperdicios en la calle, sobornan al fiscal de tránsito, se apropian de artículos de sus puestos de trabajo, y así, cualesquiera otras actividades originadas de la casi nociva “viveza criolla”, de modo que también encontramos una afanosa contradicción entre su ser y hacer. Esto es curioso.

            ¿A qué se debe que los ciudadanos de un país que sueñan con un mejor futuro sean quienes no contribuyen en la realidad con ello? Hay una hipótesis: luego de leer el libro de Manuel Barroso (1997), Autoestima del Venezolano hace unos 10 años, concluí que éstos en general tienen una pobre valoración de sí mismos como ciudadanos. Si esto sigue así, ya tenemos una respuesta inicial. Si Venezuela es un país de ciudadanos con baja autoestima, difícilmente emprenderemos acciones que nos permitan lograr un mejor futuro  puesto que no creemos que pueda lograrse aquello que soñamos, que proyectamos para un futuro a mediano o largo plazo. Es simple.

            Al inicio, hago mención de venezolanos “de a pie”, que solucionan el país en reuniones sociales de viernes en la tarde, pues son éstos quienes realmente tienen en sus manos ese futuro; además del ejercicio del voto -ejemplo por antonomasia de una democracia sana-, son el motor que dinamiza la economía local, amén de ser los “pilares” de sus respectivas familias. Aquí tenemos otra idea importante: ¿son realmente “pilares” de sus grupos familiares estos venezolanos “de a pie”?, ¿son edificadores del desarrollo pleno de sus hijos y de sí mismos en la procura de una vida social sana?, ¿hay conciencia de liderazgo en estos grupos?, ¿se potencia el mismo? Son preguntas que deben tener respuesta, y pronto.

            En algunas oportunidades he escuchado que somos “ciudadanos sin memoria histórica”. Si es así es muy grave, pues esto y nuestra inmanente juventud, nos hizo –y hará- cometer los mismos errores una y otra vez. Estos errores fueron frustrando las aspiraciones de miles de venezolanos que a lo largo de los años crecieron al margen de la satisfacción de sus necesidades más elementales, y peor aún, siendo sujetos de la indiferencia de sus conciudadanos más cercanos, de la falta de solidaridad. El asunto superó las barreras de lo económico y lo social y se convirtió en una cuestión esencialmente moral. El proceso vivido durante muchos años de nuestra historia republicana excluyó al grueso de la población a niveles de subsistencia mínimos, y quizás, ello arrebató la dignidad de muchos de éstos. Se puede decir que ahí comenzó el problema. Pareciera que todo lo vivido le grabó en el inconsciente a la gente la idea de que sencillamente “no se puede”, “no hay”, y con todo esto, a la ciudadanía se le olvidó que tiene algo muy valioso entre sus manos: “Autodeterminación”. Esto, sumado a los procesos políticos vividos en estos años ha generado una población que de ser “pueblo” se convirtió en “masa”, maleable a los intereses de los gobiernos de turno, sin criterio propio ni consciencia, sin esperanzas.

            En principio, es importante que, nuestro pensamiento sea orientado a que mis acciones particulares afectan a un colectivo: si boto la basura en la calle otras personas van a encontrar un lugar sucio, descuidado, por ejemplo. No podemos vivir pretendiendo que el otro no importa, no merece respeto. Es importante crear y reforzar constantemente una corriente de pensamiento que nos exhorte a valorar el respeto por los otros, y esto debe ser un eje transversal a todas nuestras instancias como sociedad: el hogar, el lugar de trabajo, los centros de estudio, las plazas, centros comerciales, etc., ya que cuando hacemos algo por el otro, este otro termina haciendo algo por nosotros. La solidaridad y -sobre todo el respeto- debe ser una premisa en nuestra acción diaria.

            Algo importante también es ayudar a rescatar la figura de la familia como esa primera referencia de comunidad. La situación que atraviesa el país es muy dura, estamos golpeados en lo moral, lo social, lo económico, y ello ineludiblemente incide en nuestros ánimos y actitud. Cuando llego a casa lo hago pensando en comida caliente, un abrazo, un “¿cómo estuvo el día?”, un baño relajante y un sueño reparador… Mucha gente se encuentra con lo contrario, con que al llegar de la calle tiene que preparar la comida del otro día, el abrazo más cálido lo recibe del televisor, encuentra un lío por el desorden de la casa o porque hay problemas e incluso hasta violencia, en el baño no hay agua y el sueño reparador lo es a medias porque solamente quedan escasas 4 ó 5 horas para comenzar de nuevo.

            Con todo lo anterior, no quedan tiempo o ganas de compartir la vida de los otros. Si nos diéramos la oportunidad de tomar un momento y mirarnos a la cara, conversar, compartir con un café las experiencias del día, cenar en la mesa…, comenzaríamos a reactivar esa interacción capaz de construir una relación sana en el entorno familiar. Ello necesariamente tendrá una proyección favorable en el individuo hacia sus entornos inmediatos.

            Al inicio, hice mención de la “viveza criolla”, entendida por mi persona como aquella sagacidad autóctona que nos permite tomar ventaja del otro, inclusive, sin considerarlo. El venezolano es alguien leal y trabajador, es responsable y quiere que su entorno se desarrolle en justicia, pero si no encuentra estas condiciones él “no se va a quedar atrás” y va a pedir que “lo pongan donde haya”. Esta práctica es propia de instituciones públicas y privadas, y ya se ve como algo normal, y esto es grave. Aquí el Estado debe intervenir fomentando una cultura de servicio “a prueba de bala”, aplicando la Ley de manera efectiva a quienes la infrinjan para que ello sirva de castigo ejemplar, de modo que el que cumple la sanción no lo vuelva a repetir, y quien ve esto lo piense detenidamente antes de hacerlo.

            Algo que es tarea pendiente es reforzar la educación como vía única para el cultivo de una sociedad sana. No podemos seguir admitiendo niveles de deserción escolar alarmantes, ni tampoco un sistema educativo vetusto, poco atrayente, incapaz de potenciar los talentos de la juventud actual. También debemos solventar un sinfín de problemas de orden económico y administrativo que inciden nuevamente en la motivación y preparación tanto del personal docente como del estudiantil. La escuela debe ser efectivamente una referencia de vida en la gente en conjunto con una experiencia familiar idónea, ya que son estos ambientes en donde se cultivan sus potenciales, emergen liderazgos, son espacios privilegiados para la transmisión de valores y la educación para la vida en sociedad.

            Finalmente, para que la célula de la sociedad esté sana y un sistema educacional sea ideal es necesaria la activa participación del Estado y del sector privado de la economía local. El Estado, porque en su rol ideal como regulador de la economía y como satisfactor de necesidades está en capacidad de establecer las directrices necesarias para fomentar desarrollo económico a corto, mediano y largo plazo, y esto se logra de la mejor manera cuando se incorporan los recursos financieros, la disciplina, la experiencia, y la tecnología del sector privado. Debe ser un Estado realmente plural, democrático, que promueva y garantice plenos derechos y garantías constitucionales para cimentar un suelo jurídico capaz de autorregularse, de impartir justicia, y de hacer cumplir las leyes, apto para generar confianza y atraer inversión del capital, del empresariado. Éste último debe asumir una verdadera responsabilidad con el entorno, debe ser co-partícipe en la construcción de una nación, debe ser honesto, honorable, pulcro en la ejecución de sus oficios, debe ser empresa.

La situación ahora es distinta, siento que la gente despertó del letargo y se encamina a algo bueno: pese al desencanto de esos amores juveniles esa joven llamada Venezuela está dispuesta a amar de nuevo. La paz es la nueva consigna. Cuando reflexiono sobre lo que sueño para mi país en los próximos 10 años me lleno de emoción porque implica poner de mí, dar, sembrar, esperar, y quizás no cosechar en tiempo presente, implica pensar en clave de conjunto, de futuro. Esto no es más que un rescate urgente de nuestros valores ciudadanos.